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Como nació Ojos Cerrados
Pasada la etapa de la creación, grabación y presentación del disco “Rebelión de Dioses”, el grupo, cual larva en su capullo, se recluye en su Avicueva y se dedica a la exploración sonora y expresiva a través de la más libre improvisación. Los estadíos alcanzados por el grupo en esas sesiones maratónicas son realmente indescriptibles, un coctel burbujeante de locura, trance y éxtasis. Cuando conseguíamos entregarnos, sentíamos que la música (o como se quiera que llamemos a esos sonidos inverosímiles que afloraban) no provenía de nosotros, si no más bien entrábamos y nos conectábamos con otras dimensiones más sutiles. Lo que sonaba tenía que ver con el presente, con lo que allí sucedía. Esta etapa dura aproximadamente un año y medio.
AviTantes es invitado entonces a participar con sus instrumentos y sus habilidades en diversas performances, en las cuales algo visual sucede (teatral, acrobático, escénico) y el grupo improvisa la música, o podríamos decir que la “lee” de aquellos mundos que el grupo casi puede “ver”.
La intensidad de esas presentaciones deriva de a poco y en forma natural en la prescindencia del soporte visual, y el grupo comienza a organizar pequeños shows de improvisación sonora en diversos lugares. Para ello son llevados algunos instrumentos, y complementados con los recursos sonoros que los diversos lugares ofrecen. Estufas, caños, pisos, ventanas, chapas, botellas, paredes, todo es transformado en parte de una orquesta milagrosa.
Es en uno de esos primeros encuentros donde al grupo se le ocurre proponer a los espectadores que cierren los ojos, buscando afinar la percepción a los sutiles universos sonoros que se despliegan. También se descubre que el resultado artístico originado tiene dos grandes variables: lo que el grupo genera, por una parte, y los espectadores, por el otro. Influir en el estado previo a la percepción de los espectadores podía abrirlos a nuevos espacios internos, guiados por nuestros sonidos. A los ojos cerrados se le agrega entonces una relajación previa propuesta al público, guiada por el grupo. Así como afinábamos nuestros instrumentos, “afinábamos” a los espectadores: disolvíamos los obstáculos perceptuales (ideas previas, ruido interno inconciente, etc.) para que sus interiores vibraran en armonía con los sonidos exteriores.
Luego de un año más de exploración (con y sin público), cae como manzana madura la idea de recopilar todos nuestros descubrimientos en una obra. Allí comenzamos a trabajar en lo que sería un año y medio más tarde, la presentación de Ojos cerrados.
Fuimos invitando a los otros sentidos (olfato, gusto, tacto y otros que no sabemos como nombrarlos) a participar de este banquete.
La obra fue mutando durante sus ocho años en cartel, por el aporte conciente e inconciente de los espectadores y la evolución propia del grupo.
Teníamos la sensación de estar generando un nuevo tipo de arte, inclasificable, recién nacido e inexplorado.
Luego de más de diez años, esta sensación, aún presente, nos sigue guiando por este hermoso y desconocido periplo.
Los ojos del espectador son vendados durante la obra
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